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¿Más vale solo que mal acompañado? El tema de las sociedades.

¿Tienes socios en tu negocio o alguna vez los has tenido? Yo lo he intentado en varias ocasiones. Es complejo, a veces tanto que se vuelve imposible salir adelante. Mis tres intentos anteriores terminaron en separaciones por incompatibilidad de intereses. Ahora estoy tratando de sacar adelante el intento número cuatro. La visión es diferente, se basa en la colaboración en el trabajo y el propósito de trascender dejando un legado.

Quizá la pregunta más importante a responder es cómo definir el valor de la aportación de cada socio cuando se basa en el trabajo y no en la inversión de capital. No importa si tu socio o socios son tus mejores amigos o tus familiares, la pregunta sigue siendo la misma.

¿Vale más lo que hacen mis socios o lo que hago yo? Acabo de ser testigo de la posible terminación de una sociedad por no haber podido responder claramente a esta pregunta.


Uno siente que carga a los demás socios y al resto de la organización, mientras que el otro no deja de aportar al negocio, algunas veces llevando a la empresa nuevos proyectos con facturación fresca, otras haciendo el trabajo para que lo que genera el otro socio sea más rentable y productivo. Y también algunas veces sacrificando trabajo en aras de no generar conflictos de intereses con el otro. Pero nuevamente surge la pregunta acerca de cuánto vale cada cosa.

¿Cuánto aporta cada uno y cuánto toma de la sociedad? ¿Como se utilizan los recursos de la empresa? ¿A qué tiene derecho cada uno? Una sociedad es una unión voluntaria de personas que tienen el mismo fin, pero es indispensable tener absoluta claridad y certeza acerca de lo que buscan en el largo plazo. Si no están viendo el mismo horizonte la sociedad podrá ser productiva, pero no será de largo plazo. Si comparten la visión de largo plazo, la tarea de confiar es más importante que la de tasar, aunque no siempre se pueden apartar las piedras del camino y terminan tropezando y la confianza va siendo minada.

Creo que no hay fórmulas ni recetas, solo la voluntad de salir adelante con un sueño común, pero sin dormirse en los laureles.

Aunque quizá ahora muchos se preguntarán ¿cómo se hace eso? Si lo descubren díganmelo. Yo solo he podido concluir que viviendo un día a la vez… y mañana será otro día.

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